Una niña regordeta
toda manchada de pintura vieja,
sin saber donde puso las tijeras
y con ganas de dar mortales
se puso un vestido de seda
y salió a correr por la calles
pensando que si corría lo suficiente
nunca la encontrarían sus padres.
Lo que olvidó la niña gorda
es que en estos lugares
por todos los secuestros y pesares
todos los niños al nacer
son equipados con radares.
